Absceso cerebral (acumulación de pus)


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Los abscesos cerebrales pueden desarrollarse a partir de una infección de oído, un absceso dental, una infección de los senos paranasales, una infección de las celdillas aéreas mastoideas del hueso temporal o un absceso epidural. En caso de transplante de cráneo, las bacterias pueden entrar en el cerebro y causar infección. La fuente más común es una infección pulmonar.

Los síntomas más frecuentes son: dolor de cabeza, somnolencia, confusión, falta de atención, irritabilidad, fiebre y escalofríos, vómitos, rigidez de nuca, convulsiones, hemiparesia, pérdida de la función muscular y dificultades en el habla.

Si el absceso no se trata, pueden aparecer complicaciones como: daño cerebral, meningitis, que es grave y potencialmente mortal, además de la reaparición de la infección.

Causas y factores de riesgo

El absceso cerebral en niños pequeños, está asociado con enfermedades cardíacas congénitas.

Existen varias enfermedades que aumentan el riesgo de sufrir un absceso cerebral: un sistema inmunitario debilitado, como el de los pacientes de SIDA; enfermedades crónicas como el cáncer o el síndrome de Osler-Weber-Rendu; Algunos medicamentos que inhiben el funcionamiento del sistema inmunitario, como los corticoesteroides o la quimioterapia; y derivaciones cardiacas, que por lo general son el resultado de una enfermedad cardíaca congénita.

Diagnóstico y tratamiento

Los exámenes para diagnosticar un absceso cerebral pueden incluir: Una TAC de la cabeza, un Electroencefalograma (EEG), cultivos de sangre, un recuento sanguíneo completo (CBC) y una resonancia magnética de la cabeza.

Pueden realizarse pruebas que detecten la presencia de anticuerpos para organismos tales como Toxoplasma gondii y Taenia solium, y también puede ser necesario realizar una biopsia para identificar la causa de la infección.

El tratamiento implica una reducción de la presión intracraneal y el uso de antibióticos intravenosos. Cuando la infección está causada por un hongo pueden ser prescritos medicamentos antimicóticos.

Si la presión en el cerebro continúa o empeora y el absceso cerebral no disminuye después de tomar la medicación, es necesario recurrir a la cirugía.

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